19 jul. 2017

Un vestido rosado y un perfume cítrico contra unos brazos tatuados y una mirada inquebrantable. Se encontraron en  el metro. Con destinos diferentes pero con sueños parecidos, con el corazón roto pero con ganas de seguir. Dos luchadores en llamas con las mismas ganas de comerse al mundo. Se miraron por un instante y todo se detuvo. Se miraron otra vez y sus corazones enardecidos quisieron desafiarse mutuamente. Que ilusos los que estaban alrededor, inconscientes del peligro de que dos almas tan buenas y fuertes pudieran llegar a encontrarse. Pero sus destinos estaban entrelazados solo por ese momento, por ese efímero encuentro en la historia que quizás, solo quizás, en otro tiempo, en otra vida, en otro mundo volviera a suceder.
Cerraba los ojos para concentrarse en sus propios latidos por sobre la música estridente que amenazaba con volar los parlantes, bailaba suave, con elegancia y placer, sintiendo como cada movimiento fluía hacia el siguiente. Miraba alrededor sin enfocarse en nada en particular, sonriendo para sí, descubriendo con asombro la magia de cada rincón. La música se detuvo un momento y las luces volvieron a parpadear a medida que el volumen de la nueva canción aumentaba sin piedad, sin embargo esto no fue la causa de que dejara de escuchar sus latidos, no, definitivamente no lo fue. Fue su tacto. Su tacto sorpresivo, que le quemaba la piel con apenas rozarle la mano. Una caricia suave, casi imperceptible que le hizo contener el aliento por varios segundos. Y cuando creyó que no podía haber algo más perfecto, sensible y puro que eso, él sonrió. Sonrió deteniendo todo su mundo, haciéndole contraer cada uno de sus músculos involuntariamente, hacerle perder la calma y al mismo tiempo encontrar la paz. Desde ese momento ya ninguno bailaba solo, ya no escuchaban solamente sus propios corazones, había mucho más. Había dos sonrisas y ojos centellantes que se prometían en silencio futuros momentos que valieran la pena recordar.

Vida.

“Año nuevo, vida nueva” La frase trillada que todos en algún momento dijeron. La frase que esconde la esperanza de un año mejor, de un nuevo comienzo, de oportunidades. Un simple enunciado que intenta hacernos creer a nosotros mismos que podemos cambiar, ser más felices reemplazando a los que ya no están y dándole la bienvenida a los que llegaran, prometiéndonos ser mejores personas o mejorar nuestros hábitos que fueron empeorando a medida que pasaban los meses en el año anterior. Una frase “quemada” que repetimos con el fin de dejar todo atrás, las malas vibras, las malas épocas, la mala gente.

“Año nuevo, vida nueva” no es más que una simple excusa, un pretexto que utilizamos como mantra para no enfrentar la realidad. El cambio surge de nosotros, no cambiamos de un día para el otro y mucho menos porque un calendario lo diga. El día exacto para comenzar a ser mejor y a tener una vida más feliz puede ser cualquiera solo tenemos que dar el primer paso, movernos por la esperanza, por los sueños y trabajar para ello,  entender que la “vida nueva”, no existe, existe el progreso, el esfuerzo y la motivación que nos impulsa a tener una vida mejor y renovada. El cambio está en nosotros.