19 jul. 2017

Un vestido rosado y un perfume cítrico contra unos brazos tatuados y una mirada inquebrantable. Se encontraron en  el metro. Con destinos diferentes pero con sueños parecidos, con el corazón roto pero con ganas de seguir. Dos luchadores en llamas con las mismas ganas de comerse al mundo. Se miraron por un instante y todo se detuvo. Se miraron otra vez y sus corazones enardecidos quisieron desafiarse mutuamente. Que ilusos los que estaban alrededor, inconscientes del peligro de que dos almas tan buenas y fuertes pudieran llegar a encontrarse. Pero sus destinos estaban entrelazados solo por ese momento, por ese efímero encuentro en la historia que quizás, solo quizás, en otro tiempo, en otra vida, en otro mundo volviera a suceder.

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